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Son muchos los aduladores que le dan palmaditas en la espalda felicitándole -quizás con toda la mejor intención- por su coraje. «A veces se te sube a la cabeza --dice con realismo-, por lo protegido que estás. Trato de huir de eso, porque no me gusta que me estén todo el rato diciendo Tony, qué bueno eres».